viernes, 5 de marzo de 2010

LA VERDAD: TAN DIFICIL DE ACEPTARLA, TAN FÁCIL DE TORCERLA. HONRANDO LA MEMORIA DE NICCOLO MACHIAVELLI

“La verdad se corrompe tanto con la mentira como con el silencio”
“Como nada es más hermoso que conocer la verdad, nada es más vergonzoso que aprobar la mentira y tomarla por verdad”.

Marco Tulio Cicerón

Cuando uno escucha la palabra Maquiavelo de inmediato le viene a la mente lo malo, lo hipócrita, lo calculador, lo convenido e inclusive antiético e inmoral. Y, claro, parece lógico pensar de esta forma, si hasta el propio Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española define al maquiavelismo - en una de sus acepciones - como el modo de proceder con astucia, doblez y perfidia.

En nuestra sociedad, muchas veces los hombres están expuestos a sufrir calumnias, distorsiones y difamaciones de su real accionar; se ve en la vida diaria y en todas las instituciones. Este es uno de los históricos casos en que la verdad y el prestigio de una persona ha sido deformada al extremo máximo, con repercusiones que llegan hasta nuestros días, y que ahora – en tal vez un vano esfuerzo- intentamos resarcir, tal como otrora lo hicieran muchos investigadores de diferentes latitudes.

Niccollò di Bernardo Machiavelli, nació el 03 de mayo de 1469 en tiempos de Lorenzo y Pedro de Médici. Tras la caída de Savonarola (1498) fue nombrado Secretario de la Segunda Cancillería encargada de los Asuntos Exteriores y de la Guerra de la ciudad, cargo que ocupó hasta 1512 y que lo llevó a realizar importantes misiones diplomáticas ante el rey de Francia, el emperador Maximiliano I y Cesare Borgia, entre otros.



Su actividad diplomática desempeñó un papel decisivo en la formación de su pensamiento político, centrado en el funcionamiento del Estado y en la psicología de sus gobernantes. Su principal objetivo político fue preservar la soberanía de Florencia, siempre amenazada por las grandes potencias europeas y para conseguirlo, creó la milicia nacional en 1505.

A su retorno de Francia fue enviado varias veces a la corte de Cesare Borgia, hijo del papa Alejandro VI. Intentó sin éxito propiciar el acercamiento de posiciones entre Luis XII de Francia y el papa Julio II, cuyo enfrentamiento terminó con la derrota de los franceses y el regreso de los Médicis a Florencia (1512).
Como consecuencia de este giro político, Machiavelli cayó en desgracia, fue acusado de traición, encarcelado y levemente torturado (1513). Tras recuperar la libertad se retiró a una casa de su propiedad en las afueras de Florencia, donde emprendió la redacción de sus obras, entre ellas la más popular, “El Príncipe” (Il principe), en la que describió – en buena parte – la actitud implacable, ambiciosa y astuta de Borgia. Este libro que terminó en 1513, fue dedicado a Lorenzo de Médici, y sólo fue publicado después de su muerte.

La obra de Niccollò Machiavelli ingresa por igual en los terrenos de la política y la literatura siendo considerado como el fundador ideológico del Estado moderno. Sus textos políticos e históricos son también un reflejo de su experiencia diplomática al servicio de Florencia como en “Descripción de las cosas de Alemania” (Ritrato delle cose della Alemagna-1503). En los “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” (Discorsi sopra la prima deca di Tito Livio, 1512-1519) esbozó, anticipándose a Vico, la teoría cíclica de la historia: la monarquía tiende a la tiranía, la aristocracia se transforma en oligarquía y la democracia en anarquía, lo que lleva de nuevo a la monarquía. En el "El arte de la guerra" (1521) incluye temas como el ciudadano soldado y las relaciones entre la política y la guerra.

Entre otros, también es autor de: “Descripción del método usado por el Duque Valentino para asesinar a Vientelozzo Vitelli, Oliverotto da Fermo y otros” (1503), “comentarios en el incremento de dinero” (1503), “Método para tratar las rebelión de Valdichiana” (1503), “Carácter nacional francés” (1503), “Discurso sobre Alemania y el Emperador” (1508), “Descripción de los asuntos franceses” (1512-1513), "La vida de Castruccio Castracani de Luca" (1520), "Historia de Florencia" (1520-1525), "Las decenales" (1506-1509), "El asno de oro" (1517), la comedia "La mandrágora" (1520), retrato satírico de la sociedad florentina.

POLITICA Y MORALIDAD
Sin duda, “El Príncipe” constituye la obra más conocida de Machiavelli, en la que examina importantes asuntos políticos y filosóficos, tales como: la naturaleza del hombre y su libre albedrío, la importancia de las virtudes individuales, el rol del azar en los asuntos humanos y los atributos morales del nuevo Príncipe visualizando sus objetivos.

Sin embargo para entender correctamente la teoría política de Machiavelli no se debe quedar en la mera crítica de los capítulos VII, VIII, XV y XVIII de “El Príncipe”. Tal vez ese sea el motivo para que muchos equivocadamente señalen que su ideología separa la moralidad de la política o que discute la mecánica del mal, cuando en realidad, él no respalda la comisión generalizada de tales actitudes.
Por eso, Peter Bondanella y Mark Musa recomiendan leer las propias palabras de Machiavelli antes que aceptar la interpretación de otros, teniendo cuidado especialmente en observar la fórmula que erróneamente se le atribuye:”el fin justifica los medios”. Esta sentencia es una pésima interpretación de la parte final de una oración en la que señala que: “El hombre en general juzga más por sus ojos que por sus manos; muchos pueden ver pero pocos pueden sentir. Todos ven lo que pareces ser, pocos perciben lo que eres, y esos pocos no se atreven a contradecir la opinión de los muchos que tienen la majestad del estado; por eso en las acciones de todos los hombres, especialmente de los príncipes, donde no hay un árbitro imparcial, se debe considerar el resultado final”(si guarda al fine).
Machiavelli nunca justificó el empleo deliberado de los medios para fines políticos y nunca separó completamente la política de la moralidad, algo también mal entendido cuando hace referencia a las palabras de Agátocles, el Tirano de Siracusa. ”No se puede llamar habilidad cuando se asesina ciudadanos, se traiciona amigos, no se tiene fe, piedad ni religión; con estos medios uno puede obtener poder, pero no gloria”

Tampoco es cierto que Machiavelli defienda exclusivamente el autoritarismo de “El Príncipe”; por eso es necesario leer “Los Discursos”. El primer tratado fue escrito para dar solución a una específica crisis en un tiempo determinado. En cambio, la segunda obra refleja la predilección del autor por la vida republicana.
Considerar la teoría política de Machiavelli por la exclusiva lectura de “El Príncipe”, sólo contribuye a desconocer la real magnitud de la obra y pensamiento de este humanista, que abarca el estudio de la naturaleza de la política, el conflicto social, la naturaleza humana, la corrupción, el valor didáctico de la historia y la relación entre la vida de civiles y militares, todo lo cual se encuentra expresado principalmente en secciones de: “Los Discursos”, “El arte de la guerra”, “La vida de Catruccio Castracani” y en “La historia de Florencia”.

LA NATURALEZA HUMANA
El “error” de Machiavelli, tal vez fue decir la verdad de las cosas. Esa verdad que duele, esa verdad que a veces choca con gente que ostenta el poder o que agrede a quienes tienen “amigos” con influencia o que también “afecta” a un sistema que actúa a espaldas de los principios de la sociedad o de las instituciones; esa verdad que aún hoy, muchos tratan de ocultar por temor a verse reflejados o porque tal verdad finalmente afecta intereses personales.

Las observaciones de Machiavelli le llevaron a definir al hombre como un animal egoísta dominado por el deseo insaciable de lo material y guiado por el principio del propio interés y que sólo puede ser confiable en tanto sienta temor: “De los hombres, generalmente uno puede decir que son desagradecidos, inconstantes, falsos, tramposos, ávidos de ganancias……dudan menos en dañar a alguien que aman que a otro al cual temen…..porque el amor lo rompen cuando el interés personal está de por medio, en cambio el temor a las represalias que puedan recibir, hará que nunca abandonen (a quien tiene el poder)”.

Más aún, la naturaleza del hombre es tal que nunca cambia o evoluciona con el paso del tiempo, pues permanece constante e inmutable. Esta pesimista aseveración de la naturaleza humana nos lleva, paradójicamente, a una positiva y optimista evaluación de las posibilidades humanas a través de la historia.

El énfasis que pone en la constante naturaleza humana, lo lleva a dos importantes conclusiones: Primero, que el pasado, con la reserva histórica de modelos y guías, llevó al desarrollo del renacimiento. Segundo, y tal vez lo más importante lo guió a una identificación de la política con el conflicto y a una creencia más original que el conflicto social de cierta clase era una fuerza positiva dentro de la organización política.

Esta apreciación lo condujo a examinar profundamente los problemas interrelacionados y subordinados de la corrupción política, los partidos y las conspiraciones; verdades que reveladas en nuestros días también podrían tornarse en pecados capitales y podrían generar el desprestigio de quienes las expongan, en tanto se afecte a personas influyentes.

OTRAS VERDADES UNIVERSALES
Machiavelli puso énfasis en reconocer el ejemplo didáctico de las culturas antiguas y sostuvo – a diferencia de otros políticos teóricos – que el discurrir de la historia no es mono-linear o que va en una sola dirección. Más bien, que es cíclica, pues ubica en el pasado al standard de la excelencia y sostiene que el presente debe intentar acercarse al la excelencia del pasado; por lo que la única dirección positiva para el cambio político, es volver al pasado, a los inicios, o mejor dicho al renacimiento, a la regeneración, a la renovación, lo cual nos brinda la oportunidad de corregir los errores de ayer.

En los trabajos de Machiavelli, la actividad política está caracterizada por el movimiento, el conflicto y el cambio violento, más que por la inacción, la cooperación y la rígida estructura social, lo cual se origina principalmente porque no existe tesoro suficiente que pueda satisfacer el desbordante deseo humano de obtener más riqueza.

Cuando esta agresiva característica del ser humano se combina con la severa restricción de recursos, el conflicto es inevitable. Y este conflicto no fue visto como cosa anormal pero tampoco constituyó el objetivo de la teoría política definida como la búsqueda de un cuerpo político que busque eliminar la lucha social

En la visión de Machiavelli, el resultado de un conflicto armado (entre naciones) frecuentemente determinará al más hábil y más versátil gobernante. Tuvo muy poca simpatía por los gobiernos que no se defienden con resolución o que no tengan la visión estratégica suficiente para la prevención de los acontecimientos. Por eso dentro de su teoría política, los asuntos militares relativos a la defensa y la seguridad tuvieron un papel preponderante, como lo trasluce cuando señala que “Las buenas instituciones sin el respaldo militar corren la misma suerte de desorden como los cuartos de un lujoso y esplendoroso palacio real, adornado con joyas y oro, pero que carece de un techo y no tenga nada que lo proteja de la lluvia”

La corrupción en la sociedad fue un asunto que trató con especial atención, pues la veía como el principal obstáculo para desarrollar las instituciones y con ellas al ordini (la estabilidad y estado de derecho) de la república. Describió diversas fuentes de corrupción. Una de ellas la falta de sentido de la religión: En la antigua Roma la religión fue un instrumentum regni, un medio de control político, pero la fe cristiana –de acuerdo a Machiavelli - además de glorificar la humildad más que el coraje, permitió la corrupción moral de su iglesia que se dedicó a la búsqueda del poder secular, lo cual impidió que actúe como árbitro moral de los ciudadanos italianos.

Otra fuente de corrupción es la excesiva concentración de riqueza y de poder, o de ambos, en las manos de una sola persona o de unos pocos individuos, lo que a su vez conduce a la descomposición de la sociedad cuando los ciudadanos hastiados de la conducta de sus “líderes”, obran también en conductas corruptas, peor aún cuando los partidos políticos, se dedican exclusivamente a los intereses partidarios olvidándose de las necesidades del pueblo.

Las intrigas y conspiraciones por el ansia del poder, una verdad que tampoco es ajena a nuestra realidad, fue descrita por Machiavelli, tanto en los “Discursos” y en la “Historia de Florencia” como en la “Vida de Castruccio Castracani”. No justificó la dictadura, la observó como una amenaza a las instituciones republicanas y a la libertad, particularmente si el dictador tiene poderes ilimitados al punto de modificar el ordini del Estado y pretende perennizarse en el cargo.

MACHIAVELLI DEL SIGLO IXX A NUESTROS DIAS
A pesar de las críticas a Machiavelli, que confunden la descripción y estudio de sus observaciones con su pensamiento político, es recién a partir del siglo XVIII que se trata de hacer la distinción correcta de su obra, algo muy difícil de lograr cuando en la confusión incurrieron personajes como el Cardenal Reginald Pole, el teólogo francés Innocent Gantillet, Federico el Grande, y famosos dramaturgos isabelinos como Marlowe y Shakespeare.

Machiavelli, también es considerado como el primer científico de la política, comparando su método con el empleado por Galileo para el estudio de las ciencias físicas. Recibió el aprecio de figuras políticas de pensamientos antagónicos, como el fascista Benito Mussolini y su claro opositor Antonio Gramsci. Su teoría elitista fue continuada por Robert Michels, Vilfredo Pareto y Gaetano Mosca.

Como la figura mitológica de Proteus, las críticas realizadas a Machiavelli tienen la particularidad de tener innumerables variantes. En el debate realizado desde la primera aparición de sus obras, las opiniones expresadas comúnmente revelan los prejuicios de cada era, es por eso que el filósofo italiano Benedetto Croce, señaló que las verdades que Machiavelli puso sobre el tapete son asuntos que probablemente nunca podrán ser resueltos.

Sin embargo, si la verdadera prueba de un clásico reside en servir como espejo para las futuras generaciones en vez de proveer respuestas a múltiples interrogantes, la obra de Machiavelli continuará fascinando a los lectores de nuestros días que, como aquellos de los últimos 480 años, tal vez pueden descubrirse o descubrir a sus líderes en las verdades que escribió.

En sociedades como la nuestra, probablemente seguirán existiendo individuos que “les importe un pepino” a quien atropellan para conseguir sus fines. Seguirán habiendo personas que estando en el poder o cercanas a él, tratarán de alterar el ordini de sus instituciones, para obtener posiciones o ventajas personales. Existirán también “lideres” que por conseguir la gloria personal, irrumpan también la normatividad establecida, y que cuente para ello con el silencio permisible o el corrupto aliento de quienes lo acompañan, por el solo temor de ser expulsados de ese entorno que les es beneficioso.

Así como ellos, también existirán otros Machiavellis que, en el cumplimiento de sus obligaciones, los pondrán al descubierto con el único afán de respetar el orden, el progreso, la institucionalidad y principalmente la verdad. Probablemente, cuando estos Machiavellis de hoy, revelen los hechos tal cual son, quienes se sientan afectados buscarán todos los medios para difamarlos al extremo máximo; y solamente Dios, el tiempo y los hombres de buena voluntad podrán aclarar las malas interpretaciones, reconociéndoles finalmente el valor de su lealtad y honestidad.

Nuestras instituciones y nuestra sociedad, requieren de más Machiavellis, que puedan aconsejar con la verdad y no con palabras que el “dirigente” de turno quiera oír. Exclusivamente así, lograremos encaminarnos hacia el ordini y la justicia que todos deseamos y merecemos, lo cual finalmente permitirá alcanzar el desarrollo tan ansiado por nuestro pueblo.
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BIBILIOGRAFÍA

1. Christian Detmold, “The historical, political and diplomatic Works of Niccollò Machiavelli” 1882

2. Durham, Duke University Press, “Machiavelli: The chief works and others”, 1965

3. Peter Bondanella y Mark Musa, “The portable Machiavelli”, 1978

4. Peter Paret, Gordon Craig, Felix Gilbert, “Makers of modern strategy: From Machiavelli to the nuclear age”, 1986

domingo, 31 de enero de 2010

FOMENTANDO LA CONFIANZA EN TIEMPO DE CRISIS

La búsqueda de la paz, tan necesaria para poder avanzar en el desarrollo de nuestros pueblos, ha sido siempre un terco deseo de la humanidad. Lamentablemente, las necesidades, los intereses y las ambiciones -tanto de gobernantes como gobernados- han marcado múltiples pausas en este utópico anhelo de vivir en un ambiente de tranquilidad, seguridad y libre de conflictos.

Es bueno destacar, que a pesar de conocer las limitaciones humanas, condiciones que probablemente persistirán hasta el final de nuestra existencia, el deseo de un soldado, entrenado, experimentado y preparado para ejercer la violencia en el lugar y el momento adecuado en defensa de la soberanía y seguridad nacional no es antitético a estos postulados, lo cual no es nada nuevo, sólo basta recordar al gran Niccolò di Bernardo Machiavelli en su tratado “El arte de la guerra” cuando lanza la interrogante: “¿En quien habrá más amor por la paz que aquel que solamente puede ser dañado en la guerra?”

En el apogeo del perfeccionamiento profesional del militar está por cierto la fase de la estrategia nacional, la gran estrategia, la vinculada en la comprensión, organización, coordinación del enmarañado de la política nacional, aquella que comprende la Seguridad y la Defensa Nacional, tan fundamental para que el país continúe como tal, aquella en que los instrumentos del poder y potencial nacional se combinan inteligentemente y que debe traducirse en un adecuado empleo del “smart power” , para lo cual es necesario conocer otros elementos que permitirán conjugar nuestras apreciaciones en provecho de la gran estrategia.

Por esta razón, el presente artículo tiene por finalidad hacer relieve de la importancia en aplicar hábilmente las medidas de fomento de la confianza y seguridad (MFCS) que se promueve en la región, articulándolas dentro de la estrategia de seguridad nacional.

ANTECEDENTES

En el Capítulo I de la Carta de las Naciones Unidas en que se consagran los propósitos y principios de la organización, se explica que para mantener la paz y la seguridad internacionales, se deben tomar medidas colectivas eficaces para prevenir y eliminar las amenazas a ella; siendo también un propósito de la ONU “fomentar entre las naciones relaciones de amistad basadas en el respeto al principio de la igualdad de derechos y al de la libre determinación de los pueblos, y tomar otros medidas adecuadas para fortalecer la paz universal”

A lo largo de diversas resoluciones aprobadas por la Asamblea General (AG) de este organismo internacional, se destaca la contribución al mejoramiento de la situación global de la paz y la seguridad internacionales, a partir de las medidas del fomento de la confianza en la esfera de las armas convencionales adoptadas por iniciativa de los Estados interesados y con el acuerdo de la AG.

Por su lado, la Organización de Estados Americanos (OEA) reconoce que la paz no es meramente la ausencia de guerra, sino que también comprende la interdependencia y la cooperación para fomentar el desarrollo económico y social y que – además - el desarme, el control y la limitación de armamentos, los derechos humanos, el fortalecimiento de las instituciones democráticas, la protección del medio ambiente y el mejoramiento de la calidad de vida de todos, son elementos indispensables para el establecimiento de sociedades democráticas, pacíficas y más seguras. En ese contexto, no cabe duda que para fortalecer la paz, la confianza y la seguridad de la región es necesario y oportuno continuar el diálogo en esa misma dirección.

Las MFCS pueden haberse originado en la historia universal, al término del primer enfrentamiento bélico de la humanidad, en que se comprendió que sólo estableciéndose acuerdos, tratados y otros mecanismos para mantener la paz, dos naciones dejan de ser enemigos. En América Latina se dieron pasos iniciales con este fin, mediante la creación de la Junta Interamericana de Defensa y la firma de tratados, como el Interamericano de asistencia recíproca, el americano de soluciones pacíficas y el de Tlatelolco, para la proscripción de armas nucleares.
También es reconocido, en el ámbito regional, que la Declaración de Ayacucho del año 1974 expresó la voluntad política para el fomento de dichas medidas, toda vez que tuvo el fin de "crear las condiciones que permitan la efectiva limitación de armamentos y pongan fin a su adquisición con fines bélicos ofensivos para dedicar todos los recursos posibles para el desarrollo económico y social de América Latina".

Es sin embargo aceptado, que el mayor hito de las negociaciones y adopción de medidas de fomento y confianza – a nivel mundial -se dio en Helsinki, en el marco de la Conferencia sobre Seguridad y Cooperación en Europa (CSCE) que, en 1975, incluyó en su acta final el concepto de “promover la confianza”. Las medidas adoptadas allí tuvieron especial énfasis en las de carácter militar, considerándose algunas otras relativas a la economía, la ciencia y tecnología, así como a aspectos de carácter humanitario.

DEFINICIONES

No hay una definición oficial establecida, sin embargo muchos estudiosos validan las expresiones del Embajador Hugo Palma - connotado diplomático nacional, precursor y especialista en estos temas – quien define a las MFCS como "una serie de tratados, gestiones políticas, decisiones unilaterales, compromisos, etc., que han tenido como objetivo directo o indirecto el fomentar la confianza. Desde ese punto de vista, cualquier arreglo satisfactorio, entendimiento alcanzado sin presiones, acuerdo de desarme o limitación de armamentos, etc., cumpliría una función de fomentar la confianza”

Lo más actual en cuanto a descripciones y definiciones han sido expresadas con la firma de las Declaraciones de Santiago de noviembre de 1995, la de San Salvador de abril de 1998 y el Consenso de Miami de 2003 complementada por lo aprobado por la Comisión de Seguridad hemisférica en enero de 2009.
En la primera de ellas se estableció que “la adopción de medidas de fomento de la confianza y de la seguridad constituye una contribución importante a la transparencia, el entendimiento mutuo y la seguridad regional, así como al logro de los objetivos del desarrollo, incluidos la superación de la pobreza y la protección del medio ambiente. El desarrollo económico, social y cultural está indisolublemente asociado con la paz y la seguridad internacionales”.
Asimismo, se aceptó que para el desarrollo de las medidas de fomento de la confianza y seguridad en la región y consecuentemente la convivencia pacífica en ella, se requiere ser consecuente con los términos de las Cartas de la OEA y de las Naciones Unidas, particularmente en lo relacionado a:
- Respeto al derecho internacional
- Fiel cumplimiento de los tratados
- Solución pacífica de controversias
- Respeto a la soberanía de los estados y a la no intervención
- Prohibición del uso o amenaza del uso de la fuerza y de la seguridad en el hemisferio

En el Consenso de Miami se estableció la clasificación de las MFCS de la siguiente forma:

- Medidas diplomáticas y políticas
- Medidas educativas y culturales
- Medidas militares: Relacionadas a despliegue de fuerzas armadas intercambio de información, intercambio de personal, comunicaciones, contactos, capacitación y educación y de verificación
- Otras medidas: Relativas a terrorismo, tráfico ilícito de drogas, de sustancias químicas, personas e ilícito de armas. También delincuencia organizada transnacional, corrupción, lavado de dinero, seguridad en el transporte, protección de la infraestructura crítica, lucha contra el contrabando, mitigación de los desastres naturales, medio ambiente y las relacionadas con la salud especialmente el VHS/SIDA.

Existen algunas personas que han tratado de introducir la clasificación por generaciones (de la primera a la tercera) lo cual ha sido una posición chilena, expuesta por el representante de ese país en el tercer foro sobre MFCS realizado en Washington en abril de 2008 y que no tuvo mayor eco.

APLICACIÓN DE LAS MFCS EN EL PERÚ

Nuestra Representación Permanente ante la Organización de los Estados Americanos con sede en Washington DC anualmente tiene la responsabilidad de presentar ante la Comisión de Seguridad Hemisférica de dicho organismo la lista consolidada de medidas de fomento de confianza y seguridad, cuya última actualización puede ser extractada de http://scm.oas.org/pdfs/2009/CP22709.pdf

De la lectura y análisis de esta lista podemos observar que, a pesar de la necesidad de convergir esfuerzos para dar las señales diplomáticas adecuadas en la comunidad internacional, no se ha realizado el mejor esfuerzo para impulsar la aplicación de este tipo de medidas, particularmente por algunos sectores del Estado, que tal vez olvidan que la Seguridad y Defensa Nacional es una tarea que compete a todos los peruanos. En este aspecto no se puede dejar de resaltar, el interés y dedicación desplegada por nuestros funcionarios diplomáticos para conseguir la mayor información del tema y poder cumplir con la entrega de la mencionada lista.

Para algunos estudiosos nacionales interesados en el tema así como para muchos ciudadanos, poco entendidos en la materia - que observan el énfasis de las cumbres militares, traducidas en reuniones con homólogos de los países vecinos – creen que estas actividades destinadas para la previsión, coordinación y aplicación de las medidas de fomento de la confianza y seguridad son una pérdida de tiempo, que además conlleva la distracción de fondos del erario; lo cual es una concepción totalmente errada, pues en el ámbito de las relaciones internacionales, las acciones que demuestren voluntad política y coherencia con los principios y propósitos de la Carta de las Naciones Unidas son muy saludables para la convivencia pacífica entre las naciones.

Debemos impulsar por tanto, que las medidas de fomento de la confianza y seguridad son acciones que buscan una vinculación de reciprocidad, no necesariamente equivalente, pero sí paralela en el tiempo, buscando alcanzar progresividad y compromiso recíproco. En este sentido, las MFCS no son sólo "declaraciones" o "compromisos" sino que son "acciones" efectivas susceptibles de ser evaluadas y verificadas.

Con el fin de vivir en paz entre nuestra naciones, es necesario tener la mejor predisposición para evitar cualquier conflagración bélica, que sólo puede traernos como consecuencia el freno al progreso y desarrollo de nuestros pueblos, lo cual sin duda, no debe confundirse con los ilusos llamados para limitar las capacidades de nuestras Fuerzas Armadas, pues como lo dijera Federico el Grande, “la diplomacia sin armas es como la música sin instrumentos”.

CONSIDERACIONES BASICAS

En los últimos meses, con motivo de nuestra denuncia ante el Tribunal de la Haya, hemos vivido – y continuaremos experimentando - momentos de tensión provocados por declaraciones de políticos y personalidades sureñas que probablemente tenganla finalidad de generar reacciones para crear en la opinión pública mundial la percepción que somos un país beligerante, que no respeta el orden internacional. Por tal razón, es imperiosa la aplicación de procedimientos efectivos para evitar que repentinamente se produzcan acciones que afecten los logros alcanzados por las MFCS las cuales hemos desarrollado con el fin de alejarnos de cualquier clima de confrontación.

En primer término, las autoridades nacionales deben tomar conciencia que la entidad encargada del manejo de nuestra política exterior se encuentra en Torre Tagle, a la cual- inclusive - las más altas personalidades gubernamentales deben consultar antes de emitir alguna declaración referida particularmente al tratamiento con los países cuyos intereses nacionales colisionan con los nuestros.

No se debe tratar de aprovechar de tal coyuntura, para ganar audiencia o réditos políticos visualizando, tal vez, las elecciones futuras o los intereses particulares de horizonte. Se trata de nuestra Patria, del país que dejaremos a nuestros hijos y nietos, por lo que se requiere tener la madurez política adecuada, para no tirar por la borda los esfuerzos que se realizan a fin de coadyuvar con el desarrollo y la paz que todos anhelamos. La búsqueda de unidad de criterio para la respuesta oportuna e inteligente tampoco significa la promoción de una actitud timorata, ni mucho menos la pérdida de nuestra dignidad nacional: significa disponer de habilidad política en provecho de nuestros intereses nacionales.

Esta toma de conciencia, debe ser también extensiva a la ciudadanía en general para lo cual los medios de información juegan un importante papel, de manera tal de realizar la mejor difusión empleando las diversas facilidades que la tecnología hoy nos ofrece. Esta premisa lanza de inmediato el cuestionamiento a un sector de nuestra prensa nacional, pues sabemos que algunos convierten a la noble profesión en el vil oficio, interesándose únicamente en las primeras planas y el rating, destacando inoportunamente los yerros de nuestros políticos cuando salen a contestar a las provocaciones de los adversarios de nuestra Nación.

En consecuencia, se hace imprescindible educar también a los medios de comunicación – obviamente manteniendo como norma básica la libertad de opinión e información – para que recuerden aquella marcha que otrora entonaran los estudiantes de la pre-militar: “Antes que todo el Perú”. De esta manera la sociedad en su conjunto internalizará lo que nos conviene como país y finalmente podrá alcanzarse aquella identidad nacional, que solamente aflora cuando la desgracia nos alcanza o cuando el entusiasmo es rebasado por un partido de fútbol en que gane nuestra selección nacional.

Sabemos que las medidas de fomento de la confianza y seguridad tienen un espectro similar a los instrumentos del poder nacional y por lo tanto van ligadas a toda actividad nacional. Van por “cuerdas separadas” pero finalmente visualizan el mismo fin. Y al igual que nuestra política exterior, deben continuar así y por ningún motivo se debe perder tal dirección, pues la Patria así nos lo exige. En consecuencia es imprescindible poner énfasis a las posibles repercusiones que pudieran darse en el ámbito de la comunidad internacional.

La actitud nacional debe ser tal que, a pesar de las provocaciones que nuestros adversarios puedan efectuar, mantengamos la ecuanimidad y sigamos aplicando las MFCS a las que nos hemos comprometido con anterioridad, sólo así nuestra palabra será reconocida por la comunidad internacional.

domingo, 22 de noviembre de 2009

HONRANDO A LOS HÉROES DE TARAPACÁ

Por muchos años, en el siglo XX, el 27 de noviembre era un feriado nacional; épocas aquellas en que también se impartía en los colegios la instrucción pre-militar y en que también se percibía -mejor- el aire de peruanidad.

Para el recuerdo de esta gran gesta heroica, no sólo se efectuaban ceremonias, también se presentaban ginkanas militares y retretas, que de alguna forma mantenían a la población conectadas con ese sentimiento de fervor por la Patria y empatía entre el pueblo y sus hijos uniformados.

Traer a nuestra memoria la batalla de Tarapacá es resaltar las "armas" que desde siempre han portado los soldados del Perú: Su fuerza moral, su valentía y gran patriotismo.

Pensar en Tarapacá también nos martilla la consciencia, que en esa confrontación no sólo destacaron los Jefes y Oficiales que condujeron las acciones, lo hicieron también los "soldados anónimos" -en su gran mayoría del sur de nuestro país - que acudieron al llamado de la Patria, no importando las condiciones a las que tuvieron que someterse.

A lo largo de nuestra historia encontraremos ejemplos repetitivos de connacionales que, vistiendo el uniforme de la Patria, marcharon al frente de batalla para defender la soberanía, la seguridad y el honor nacional sin importar las circunstancias, ni los medios disponibles. Suena muy loable la actitud de ellos, pero a la vez muy irresponsable tan grave imprevisión de las autoridades competentes.

A continuación, se presenta una alocución preparada - en 1984 - por el autor de este blog, con la intención de honrar a los héroes de Tarapacá.

Honrarlos de verdad significa realizar todos los esfuerzos para que esta historia jamás se repita, todo lo demás quedará simplemente en la retórica, la pose, la conveniencia personal....., nunca en el interés y amor por la Patria!
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ÁLOCUCIÓN PATRIOTICA CON OCASIÓN DEL CV ANIVERSARIO DE LA BATALLA DE TARAPACÁ Y DÍA DE LA INFANTERÍA PERUANA (NOVIEMBRE, 1984)

El 27 de noviembre de 1879, en el pequeño pueblo de Tarapacá, se libró el combate entre las tropas chilenas triunfadoras en Pisagua y en San Francisco y lo que quedaba del Ejército aliado luego de esas acciones, es decir entre una tropa victoriosa y un grupo de hombres disminuidos en lo material, que además tenían motivos para encontrarse moralmente menoscabadas. La historia ha registrado este hecho como una brillante victoria del Ejército del Perú.

Tarapacá, es una hermosa batalla, si así puede calificarse a una acción de armas, pues en ella se nota nítidamente la conducción de las maniobras. Belisario Suárez, gran organizador y eficiente táctico, es el hombre que maneja con maestría los hilos de ese tinglado glorioso y heroico en el que se representa el drama de la capacidad anulada por la falta de medios - que venía caracterizando a la guerra desde que Grau quitó toda la iniciativa que por la fuerza correspondía a los chilenos - tan solo en base a su capacidad de maniobra y al espíritu que supo imprimir al Huáscar y a los hombres que lo acompañaban.

Tarapacá, es el mejor escenario de ese drama, porque allí se ve claramente todo lo que hubieran podido hacer esos Jefes sobresalientes y esos soldados abnegados, si tan solo hubieran tenido los medios indispensables para sostener una contraofensiva, con lo que inobjetablemente habrían arrojado al mar a las tropas invasoras.

Inobjetablemente digo, porque el resultado de una guerra depende en primera instancia del liderazgo y la conducción. Y en Tarapacá, se ve que ello no faltaba a los peruanos; y porque en el lado adversario, esa condición de altísima importancia escaseaba clamorosamente, pues un solo hombre, militar improvisado – el Coronel Vergara, por más que sus limitaciones tácticas anularan sus arrestos de iniciativa – da muestras de ese espíritu incisivo, que es la base de una personalidad conductora. Así, si Vergara es el motor de la poquísima actividad de los chilenos, sus limitaciones son dramáticas, pues él fue el culpable que Arteaga fijara como objetivo de la acción únicamente la captura de las tropas peruanas; y también fue él quien ejecutó el reconocimiento apreciando la situación equivocadamente…...Así de fácil es la guerra para todo Comandante improvisado.

Cáceres, y con él Bolognesi, Ugarte, Castañón, Ríos, Bedoya, Mariano de los Santos y toda es pléyade de guerreros epopéyicos -la gran mayoría aún en la anonimidad -hicieron comprender al invasor, que la saturación de medios no es suficiente para decidir una victoria. Y por eso, luego de triunfar en Los Angeles, en el Alto de la Alianza y en Arica, sin demostrar capacidad táctica y sólo saturando el campo de batalla con hombres y con medios, los chilenos tuvieron que llevar la guerra hasta Lima para acabar con toda posibilidad de recuperación del Ejército del Perú que pudiera amenazar sus conquistas.

La Nación, en reconocimiento a esta homérica gesta, ha consagrado la fecha en que se realizó como el día de la Infantería peruana, y el Ejército la tiene, con justísima razón, como una de las más significativas de su calendario patriótico.

Pero, …¿Por qué alcanzó tanta trascendencia una victoria, que en definitiva no sirvió para amenazar el éxito que ya habían conquistado las tropas invasoras, ya que los vencedores de Tarapacá tuvieron que abandonar el escenario de la hazaña para dirigirse a Arica?

En primer lugar, en el marco de los valores militares, Tarapacá es el mejor ejemplo de la preeminencia de los factores morales sobre las condiciones físicas de las tropas combatientes. Recordemos que los soldados de Tarapacá, carecían de vestimentas adecuadas para soportar las inclemencias del clima, caluroso en el día y muy frío en la noche que caracteriza al desierto del Tamarugal.

Tampoco tenían una alimentación apropiada, ni agua en condiciones necesarias a los requerimientos de una tropa en campaña.

No contaban con Caballería, ni con apoyo de Artillería, es decir tenían todas las desventajas en contraposición a las fuerzas invasoras, que sí estaban bien pertrechadas y tenían sobretodo una moral bien elevada, debido a sus anteriores triunfos.

Pues bien, a pesar de esta situación, y más aún, a pesar que las tropas peruanas fueron sorprendidas en momentos de descanso,con gran valor, muchisima fuerza moral y elevado patriotismo, triunfaron inobjetablemente.

Tarapacá es también el preludio de Arica, no sólo por razones cronológicas, sino porque Bolognesi - el inmortal Patrono del Ejército - Alfonso Ugarte - el hombre que llevó a la cúspide el sentimiento de veneración y defensa de nuestra Bandera - y gran parte de los Oficiales y Tropa, que en esa plaza ofrendaran su vida, estuvieron en Tarapacá poniendo los antecedentes más brillantes de su exaltación en Arica.

Y Cáceres, el inolvidable “Brujo de los Andes”, el hombre que simboliza por siempre la calidad de sacrificio y el desprecio por la propia vida – que todos debemos sentir cuando se trata del bienestar de la Patria – fue el alma del triunfo en Tarapacá, iniciando allí su verdadera, legendaria y gloriosa trayectoria, que en La Breña coronaría con los laureles mas excelsos de la veneración nacional.

Cáceres y Tarapacá, son un binomio que nunca debemos olvidar. Y esto hay que repetirlo, porque –cosa increíble- la figura del “Taita” Cáceres – uno de los más brillantes soldados de la historia militar peruana, uno de los mas insignes militares que también se desempeñó como diplomático y por dos veces como Presidente de la República – fue disminuida porque las pasiones políticas tendieron un manto de intrigas y desinformación en el pueblo peruano.

Afortunadamente, ya existe consciencia - que al finallizar la Guerra con Chile - en el pináculo de la gloria militar del Perú no sólo aparecieron dos soles: Bolognesi y Grau, sino un tercero con tantos merecimientos como ellos para alumbrar este camino difícil de la superación nacional; y ese tercer sol, naturalmente es Cáceres.

Entonces, Grau, Bolognesi y Cáceres, no importa el orden, pues los tres tienen la altura de los héroes máximos, son los llamados a impulsar el espíritu de nuestro pueblo en la enaltecedora y dificil gesta de hacer de nuestra Patria, un Perú cada vez más grande.

Soldados:

Al celebrarse un aniversario más de la Batalla de Tarapacá, tomemos siempre como ejemplo para nuestro quehacer diario, el significado de entrega, esfuerzo y moral desplegada por los epónimos titanes que hicieron realidad esta epopeya.

Seamos combatientes de Tarapacá, en el trabajo, en el hogar, en la paz y en la guerra, y de esta manera asumir el formal compromiso de trabajar honrada, tesonera, cotidiana y comunitariamente para continuar haciendo del Perú, la Patria Grande, la Patria poderosa, la Patria justa y libre que todos anhelamos.

Infantes de hoy y de siempre:

Tengamos - en todo momento - como norte el espíritu ofensivo, perseverante y vencedor con que se debe enfrentar una situación de combate, tal como lo hizo nuestro gran Mariscal Cáceres, y así podemos – con el corazón henchido de patriotismo - en toda época, decir con orgullo:

Soy Infante, porque confiaste en mí Patria mía.
No conozco la derrota, no conozca el miedo,
No conozco la fatiga.
Para mí no hay hambre, cansancio, ni sed.
Estoy preparado para la guerra.
Si he de morir, será matando.
Si he de vivir, será con gloria!

¡¡¡VIVA EL PERÚ!!!

lunes, 12 de octubre de 2009

BUSCANDO LAS REGLAS DE ENFRENTAMIENTO PARA DEFENDER LA PATRIA Y EL ORDEN CONSTITUCIONAL

El fallo en mayoría del Tribunal Constitucional en torno al proceso de inconstitucionalidad planteado por 31 Congresistas de la República, representados por Daniel Abugattas Majluf, en contra de algunos artículos de la Ley N° 29166, “Ley que establece reglas de empleo de la fuerza por parte del personal de las Fuerzas Armadas en el territorio nacional”, amerita que la sociedad reflexione el perfeccionamiento de las normas para el empleo de sus Instituciones Armadas, a fin que sus soldados - que seguirán exponiendo su vida por la paz, seguridad y soberanía nacional - puedan cumplir su misión constitucional con la confianza de saber que, mañana o más tarde, no serán sentados ante un tribunal que acepte una demanda facilitada por una legislación poco clara o ambigua.

En la situación actual, que los adversarios de la Patria continúan avanzando en la guerra política - como destaca el primer Vicepresidente de la República - hace bien el Tribunal Constitucional en señalar (Fundamento 58) que “a fin de asegurar el respeto a la Constitución, los principios rectores para el uso de la fuerza deben estar contemplados en la ley y no en un reglamento”. Mucho más beneficioso aún, será la promulgación de una Ley que permita reunir las diversas normas legales existentes para el empleo de las FFAA en el mantenimiento del orden interno, tal como dispone (aunque sería mejor la exhortación como se hace en el párrafo 8 del Fallo) el Fundamento 66 de la sentencia.

La promulgación de una ley de esta naturaleza, permitirá también que el propio Colegiado repare que la Ley N° 29166 no “plantea una situación adicional que faculta a las Fuerzas Armadas a apoyar en la restauración del control interno en zonas que no han sido declaradas en estado de emergencia”(Fundamento 35), pues estas situaciones se encuentran claramente detalladas (y no como se señala en el Fundamento 38) en la Ley N° 28222 y su Reglamento, promulgados en 2005 (al año siguiente de la aprobación del “Manual de Derecho Humanitario para las FFAA” que invoca desfasadamente en el Fundamento 44, pues legalmente ya era inaplicable), en que se dispone la participación de las FFAA, ante los supuestos de actos de terrorismo, actos de violencia con empleo de armas o explosivos o cuando se descubran elementos suficientes de peligro inminente de ambas situaciones y siempre contando con la autorización de una Resolución Suprema. En efecto, es allí que se precisa que el accionar de las FFAA (en zonas no declaradas en emergencia y en los supuestos señalados) “estará dirigido a contribuir y garantizar el funcionamiento de entidades, servicios públicos esenciales y resguardar puntos críticos vitales para el normal desarrollo de las actividades de la población afectada, facilitando de este modo que los efectivos de la Policía Nacional del Perú concentren su accionar en el control del orden público y la interacción con la población”.

Los análisis y discusiones que se realicen para la formulación de estas normas legales deben concentrarse en el conocimiento de las posibilidades y capacidades de las Fuerzas Armadas, sin soslayar, confundir o desconocer conceptos básicos, como considerar que estas organizaciones se encuentran dotadas de armas de fuego cuyo empleo principal es letal. En este sentido, debe hacerse un ejercicio imaginario de situaciones que podrían presentarse en la realidad; por ejemplo, ¿cuál sería la fuerza que podría emplear una sección de soldados, aproximadamente 30 hombres, cada uno dotado de un fusil automático, cuando se le misiona proteger las instalaciones de una central eléctrica? ¿Cuál sería la fuerza no letal que emplearía un soldado de esta sección?

Emitir normas legales que dispongan el uso de fuerza no letal, a un elemento componente de una fuerza armada, sencillamente es condenarlo a priori, pues no puede concebirse que un soldado dotado de equipamiento letal, emplee fuerza no letal.

Todas las balas que la Nación entrega a un soldado para el cumplimiento de su misión constitucional, son letales. Este es un concepto fundamental que todo legislador debe tener en cuenta, el cual debe ser complementado con el estudio de legislación existente en otros países para el empleo de sus FFAA o de las reglas de enfrentamiento de las fuerzas (armadas) de las Naciones Unidas que se emplean para el mantenimiento de la Paz, evitando confundirse con las que se tiene para los “funcionarios encargados de hacer cumplir la ley”(Fundamento 56) que – de acuerdo a lo acordado en el 8vo Congreso de las NNUU sobre prevención del delito y tratamiento del delincuente – “incluye a todos los agentes de la ley, ya sean nombrados o elegidos, que ejercen funciones de policía, especialmente las facultades de arresto o detención”.

Entonces si el Fundamento 37 resalta que en el texto cuestionado (de la Ley N° 29166) se “reconoce a las Fuerzas Armadas funciones de Policía para situaciones que no son consideradas de emergencia” no se puede comprender porque en el Fundamento 56 se quiere normar el empleo de las FFAA utilizando exclusivamente principios para ejercer funciones de policía.


La distorsión se amplía en los Fundamentos 46 y 49, cuando de pronto el “análisis” llega a concluir que las FFAA intervengan en la lucha contra el narcotráfico, delito que la experiencia ha demostrado que debe ser atendido exclusivamente por elementos policiales pues comprende actividades, que revelan que una fuerza con armas letales no sea necesariamente la más adecuada, como son: la producción, transformación, comercialización y consumo de drogas.

Cosa distinta es normar la participación de las FFAA contra elementos armados que no solamente pueden provenir del narcotráfico, pues también debe contemplarse los delitos de sedición o rebelión en que intervienen grupos alzados en armas, u otras agrupaciones que también empleen armas, para respaldar sus intereses, alterando el orden interno, tal como debe entenderse lo legislado en la Ley N° 28222 y su Reglamento.

El Tribunal Constitucional es el órgano de control de la Constitución y está compuesto por siete miembros que, como humanos que son, pueden incurrir en errores u omisiones. Los argumentos vertidos en estas líneas no tienen la mínima intención de objetar su autoridad, mas bien destacar el deber ineludible de todo peruano para contribuir en aspectos concernientes a la seguridad nacional, razón por la que se considera de suma importancia que la legislación para el empleo de las FFAA destinada a combatir a los enemigos de la Patria - o a los elementos (grupos) hostiles adversarios al orden constitucional nacional, si se quiere - y al restablecimiento del orden interno, se desarrolle con la mayor participación de la sociedad y con la mejor diligencia y eficiencia de nuestras autoridades.


ANTECEDENTES HISTÓRICOS

Revisando nuestra historia reciente notaremos que hubo una época que el Poder Legislativo omitió brindar el marco jurídico para el empleo de las FFAA en zonas de “estado de derecho”. En efecto, entre 1979 y 1991 existió un vacío legal originado primordialmente por “una profunda incomprensión por parte del gobierno y el parlamento” conjugado con el uso y costumbres imperantes, ya que desde la creación de la República hasta 1979, la administración institucional de las FFAA quedó internalizada en nuestra sociedad por la frase extractada de las Constituciones Políticas: “Las FFAA se rigen por sus leyes y sus reglamentos”, sólo basta recordar la Constitución de 1933:

Artículo 213.- La finalidad de la fuerza armada es asegurar los derechos de la República, el cumplimiento de la Constitución y de las leyes y la conservación del orden público.
Artículo 215.- Las leyes y los reglamentos militares rigen la organización de la fuerza armada y su disciplina.

A los pocos años de la puesta en vigencia de la Carta de 1979, en diciembre de 1982, se inició la intervención de las Fuerzas Armadas en la lucha contra Sendero Luminoso (y posteriormente contra el MRTA), amparada por el Artículo 231º de la “Ley de Leyes”, quedando postergada la promulgación de normas para el empleo de la fuerza en situaciones no previstas en la Constitución y las correspondientes reglas de enfrentamiento.

Teniendo en cuenta que las tropas se encontraban empeñadas en el combate contra el terrorismo, en las “zonas declaradas en emergencia”, colegimos que no existía inconveniente legal, pues contaban con el marco jurídico que inicialmente parecía ser el aparente, y ellas se empleaban como correspondía: operaciones de reconocimiento o de combate, quedando claro – para quienes patrullabamos en el terreno – que estábamos en guerra.

Con el transcurrir de los años, se pudo apreciar que en el territorio nacional existían zonas que SL o el MRTA, empleaba como lugares de descanso o de abastecimiento y que eventualmente podían convertirse en plataformas para realizar alguna acción armada subversiva.

Esta razón obligó al Gobierno, que había obtenido facultades legislativas para expedir normas sobre materias de pacificación nacional, a emitir en noviembre de 1991, el Decreto Legislativo Nº 738 mediante el que se establecieron “normas a las que deben sujetarse las Fuerzas Armadas, al intervenir en las zonas no declaradas en Estado de Emergencia”.

De esta forma, la intervención de las FFAA en zonas no declaradas en emergencia, podía realizarse cuando se entendía que la capacidad de la Policía Nacional había sido sobrepasada y existía un hecho de grave alteración del orden interno o ante el peligro inminente de perpetración.

Terminadas las facultades legislativas del Ejecutivo, el Congreso de la República, mediante Ley N° 25410 precisó que dicha intervención no podía excederse de ocho días, manteniendo el procedimiento de intervención conforme a las Directivas emitidas por el CCFFAA, en base a los planes debidamente aprobados por este organismo y por el Consejo de Defensa Nacional.

Y, ¿cuáles eran las Reglas de Enfrentamiento que se empleaba? Simplemente, si las tropas estaban misionadas como patrullas de reconocimiento o de combate: las propias del derecho de la guerra complementadas por las especificaciones proveídas en las Directivas del CCFFAA; y para otras situaciones, conforme lo señala nuestro antiguo “Reglamento General en Guarnición para las FFAA y PNP” incluido en las instrucciones señaladas, con el principio fundamental siguiente:

“Todo superior que asigne a las tropas a sus órdenes una misión de mantenimiento y restablecimiento del orden público, tendrá presente que el empleo de la fuerza armada y PNP no implica necesariamente el uso de las armas”

Adicionalmente, como bien sabemos, el uso de las armas de nuestras tropas, ha tenido siempre las siguientes reglas de oro:

1. Cuando sean atacadas.
2. Cuando se vean rodeadas o amenazadas en forma tal que peligre la misión, la vida o la seguridad del personal.
3. Cuando hayan agotado todos los medios de persuasión a su alcance para normalizar el orden alterado.

LÍMITES DE LA INTERVENCIÓN DE LAS FFAA EN ZONAS NO DECLARADAS EN EMERGENCIA

La promulgación de la Ley N° 28222 en 2004, durante el gobierno de Alejandro Toledo, además de ampliar el plazo de intervención a treinta (30) días delimitó la intervención de las FFAA en zonas no declaradas en emergencia, para los casos que se sobrepase la capacidad operativa de la Policía Nacional del Perú y se produzcan:

1. Actos de terrorismo
2. Actos de violencia consistentes en atentados, ataques armados a entidades públicas o privadas o servicios públicos en los que se utilicen armamentos de guerra o artefactos explosivos
3. Cuando se descubran elementos suficientes de peligro real o inminente de la perpetración de los supuestos anteriores

El Reglamento de esta Ley, detalla aún que el accionar de las FFAA “estará dirigido a contribuir y garantizar el funcionamiento de entidades, servicios públicos esenciales y resguardar puntos críticos vitales para el normal desarrollo de las actividades de la población afectada”, inclusive se señala que “no efectuarán patrullajes, estando circunscrito su desplazamiento a los sectores de responsabilidad asignados en las Directivas específicas formuladas por el CCFFAA”

En consecuencia, declaraciones de autoridades públicas, periodistas, “politólogos”, etc. que han reaccionado negativamente, cada vez que se autoriza la intervención de las FFAA en zonas de “estado de derecho”, infiriendo que las tropas se enfrentarán a la población “indefensa” (como por ejemplo a quienes bloquean las carreteras), mas allá de constituir posiciones mediáticas que no contribuyen a la gobernabilidad del país, revelan un claro desconocimiento de las normas legales, reguladas por el artículo 168° de nuestra Constitución Política, que al igual que el artículo 274° de la anterior Carta, ordena que “Las leyes y reglamentos respectivos determinan la organización, las funciones, las especialidades, la preparación y el empleo; y norman la disciplina de la Fuerzas Armadas y de la Policía Nacional”.

No podemos dejar de subrayar, en este punto, que el vacío legal referente al empleo de las FFAA, conforme la correcta interpretación del artículo mencionado anteriormente, es de competencia de los “Padres de la Patria”, destacando que “formalizar las normas relativas a estas Instituciones también es importante desde el punto de vista del Estado de Derecho, porque de esa manera todos, fuera y dentro de ellas (las FFAA), sabrán con claridad cuales son sus funciones, atribuciones y límites”

LAS REGLAS DE ENFRENTAMIENTO

Las Reglas de Enfrentamiento (En inglés “Rules of Engagement, ROE) o Reglas de empleo de la Fuerza, son disposiciones que determinan cuando, donde, contra quien y como se usa la fuerza, entendiéndose que una Fuerza Armada dispone primordialmente de fuerza letal. Mediante estas reglas se debe establecer el uso legítimo y proporcionado de la fuerza para cada operación en la que participen las tropas armadas, particularmente detalladas en situaciones que no sean de guerra, vale decir en el mantenimiento del orden interno. Si se prefiere una definición más corta, diremos que son las reglas que precisan las condiciones en que las tropas pueden abrir fuego.

El Dictamen del Proyecto de Ley N° 1374/2006-PE por el cual se gestionó la Ley N° 29166, “Ley que establece reglas para el empleo de la fuerza por parte del personal de las Fuerzas Armadas en el territorio nacional”, explica que éstas son normas sólo aplicables al personal militar cuando en el ejercicio de su función, asume el control del orden interno o apoyo al mismo.

A pesar que los legisladores deseaban emitir “normas claras para que éstas (las FFAA) puedan apoyar o asumir el control del orden interno” la ambigüedad ha sido una de las características de dicha Ley - lo cual motivó la demanda de inconstitucionalidad declarada fundada en parte por el Tribunal Constitucional - haciendo que ella (la Ley N° 29166) probablemente sólo pueda ser entendida por quienes la redactaron o los miembros de las FFAA, pero que otra persona con poco conocimiento de la función militar (que podría incluir un juez o un fiscal) interpretaría, por ejemplo, que la norma estaría permitiendo el uso de las armas (desmedidamente) cada vez que una unidad de tropa recibe una misión.

OBEDIENCIA DEBIDA Y DISCIPLINA MILITAR

Cuando el Tribunal Constitucional ausculta el “principio de obligatoriedad y el uso de la fuerza por parte de las Fuerzas Armadas” (Fundamento 69) y señala que la obligatoriedad en el cumplimiento de las órdenes “se encuentra limitada cuando implique la violación de un derecho fundamental de alguna persona o escape a la regulación relativa a la conducción de hostilidades”, debemos tener especial cuidado en no establecer procedimientos que afecten la disciplina y la conducción de las operaciones, de lo contrario podríamos tener misiones que fracasen ante la posibilidad que un subordinado -cuidando su estabilidad jurídica - dude de las órdenes de su superior y objete alguna disposición, pensando que puede ser contraria a algún derecho o que contravenga un dispositivo legal.

Se debe comprender que cuando las FFAA reciben el encargo de restablecer el orden interno o de apoyar a la PNP en esta finalidad, las disposiciones estarán detalladas en directivas y disposiciones escritas, que son explicadas a los subordinados antes del despliegue de las fuerzas. Por lo tanto, las órdenes que un Comandante imparta durante la conducción de las operaciones estarán circunscritas a lo dispuesto y aprobado por el CCFFAA y - salvo situaciones muy excepcionales - deben ser acatadas “sin dudas ni murmuraciones”.

El mantenimiento de nuestra disciplina, no se debe poner en tela de juicio. Para tal efecto, mucho ayudará recurrir a la jurisprudencia española, que para estos casos contempla un balance en sus normas legales:

“El militar que, en el ejercicio de sus funciones y sin causa justificada, empleare u ordenare ejercer contra cualquier persona violencias innecesarias para la ejecución de un acto de servicio que deba realizar u ordenare, permitiere o hiciere uso ilícito de las armas será castigado con la pena de cuatro meses a cuatro años de prisión”

El militar que se negare a obedecer o no cumpliere las órdenes legítimas de sus superiores relativas al servicio que le corresponde será castigado con la pena de tres meses y un día a dos años de prisión. Si se tratare de órdenes relativas al servicio de armas, se impondrá la pena de seis meses a seis años de prisión .Estos hechos, cometidos en tiempo de guerra, estado de sitio, frente a rebeldes o sediciosos o en situación peligrosa para la situación del buque o aeronave, serán castigados con la pena de diez a veinticinco años de prisión. Si la desobediencia consistiera en rehusar permanentemente el cumplimiento de las obligaciones militares, se impondrá la pena de dos años y cuatro meses a seis años de prisión y la pérdida de empleo”.

EL CAMINO POR RECORRER

Los Veintiocho años - desde la promulgación de la Constitución de 1979 y la Ley N° 29166 (corregida por el Tribunal Constitucional y pendiente de optimizar) - que hemos marchado sin un adecuado marco jurídico en este aspecto, nos debe hacer reflexionar que, a pesar de las buenas intenciones de nuestros legisladores, urge que las iniciativas para regular el funcionamiento de nuestras Instituciones Armadas se originen en el interior de ellas.

Debemos considerar que los especialistas en la profesión de las armas somos todos los que tenemos el honor de vestir el uniforme de la Patria y por lo tanto nos corresponde explicar las necesidades que tenemos para poder cumplir adecuadamente nuestra misión constitucional.

¿Cuántas normas - que nuestra cultura militar da por sobreentendida, por estar incluidas en nuestros reglamentos internos que el siglo pasado tenían fuerza de ley – se encuentran pendientes de formalizar conforme lo dispone el artículo 168° de la Constitución?

¿Esperaremos otros 28 años, guardando la esperanza que algún Congresista se interese por legislar las “Leyes y reglamentos respectivos” que deben regir a nuestras Instituciones?

La experiencia nos sigue enseñando que mientras no exista claridad en nuestro marco jurídico, mal podemos jactarnos de nuestra institucionalidad pues seguiremos transitando en el limbo de la incertidumbre, lo cual dificultará cada vez más el cumplimiento de la importante y delicada tarea que el Perú nos ha encargado, hecho que será aprovechado por nuestros adversarios y los enemigos de la Patria, quienes siempre buscarán cualquier motivo para menoscabar nuestras capacidades.


BIBILIOGRAFÍA

1.Tribunal Constitucional del Perú, Sentencia del Pleno Jurisdiccional del Tribunal Constitucional del Perú EXP. N.º 00002-2008-PI/TC , Set 2009.

2.Enrique Bernales Ballesteros con la Colaboración de Alberto Otarola Peñaranda, “La Constitución de 1993, Análisis Comparado”, 1993.

3.Comisión de Defensa Nacional, Orden Interno, Desarrollo Alternativo y Lucha contra las drogas, Dictamen N° 17, Dic 2007.

4.Comisión de la Verdad y la Reconciliación, Informe Final de la Comiisón de la Verdad y Reconciliación Tomo II Cap 1.1.3, 2003.

5.Departamento de las Operaciones de Mantenimiento De Paz de la ONU, Reglas de Enfrentamiento (RDE) para los componentes militares de la Misión de las Naciones Unidas a Kamaria , 2009.

6.Tribunal Constitucional del Perú, Sentencia del Pleno Jurisdiccional del Tribunal Constitucional del Perú EXP. N.º 00002-2008-PI/TC , Set 2009.

7.United Nations Human Rights Website, Principios Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios Encargados de Hacer Cumplir la Ley, en :
http://www.chubut.gov.ar/policia/documentos/principios_basicos_para_uso_fuerza.pdf ), Agosto 1990.

8.Federico Niemann Figari en Revista de la Marina de la Armada de Chile, Las Reglas de enfrentamiento y el papel del Abogado Militar, 2001.

9.Ley Orgánica 13/1985,Código Penal Militar Español, 9 Dic1985.

sábado, 15 de agosto de 2009

TRANSFORMACION DE LOS PROCEDIMIENTOS DE EVALUACION EN EL EJÉRCITO

N de R.-Al término de la lectura del siguiente ensayo, se podrá dar cuenta que el contenido del mismo es básicamente técnico e institucional.

En efecto, así es. Sin embargo su trascendencia es de carácter estratégico, pues considerando que el Ejército siempre continuará ligado a la historia nacional, se infiere la necesidad de contar con la promoción de sus mejores componentes, lo cual requiere una adecuada evaluación - principalmente de sus miembros dirigentes: Los Oficiales - de manera que finalmente sus cuadros, estén no solamente comandados por soldados capaces de conducir el brazo armado de la Nación, sino que también por la efectiva selección de sus líderes, el pueblo del Perú sienta tranquilidad, orgullo y satisfacción de disponer de patriotas uniformados, íntegros y competentes para atender todos los aspectos relacionados a la Seguridad y Defensa Nacional.
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En el año 2003, ante las excesivas calificaciones sobresalientes de los Oficiales del Ejército, el Comando de nuestra Institución emitió criterios para que los Oficiales calificadores eviten la sobrevaloración en los Informes de Evaluación (IIEE) a fin de evitar que por este efecto se distorsione la apreciación general del conjunto de Oficiales. Las consideraciones fueron las siguientes:

- Adecuada sustentación de la calificación
- Indicación de logros alcanzados
- Felicitaciones asignadas en el periodo evaluado
- Sanciones aplicadas en el periodo ó no.
- Cargo desempeñado
- Naturaleza de la función
- Ámbito funcional
- Cursos realizados y ubicación por quintos


A pesar de estas orientaciones, las evaluaciones sobresalientes se mantuvieron e inclusive se incrementaron - lo cual puede apreciarse en la comparación de las evaluaciones realizadas los años 2003 y 2004 - observándose la generalización de cierta costumbre en los evaluadores para sobrevalorar las calificaciones, generadas a partir de una serie de vicios que con el tiempo han distorsionado la finalidad de ellas:




Del cuadro anterior, en su oportunidad, se pudo determinar la tendencia que tenían gran cantidad de Oficiales calificadores al considerar como “normal” colocar notas de 95.000 para los Oficiales de desempeño “suficiente” y superiores (más de 95.000 ) para que lo hicieron de manera “sobresaliente”; asignando notas menores a 95.000 a los “malos Oficiales”, en contraposición de otro grupo Oficiales calificadores que no guardan este parámetro, particularmente los Oficiales de Artillería y las evaluaciones realizadas a quienes tuvieron ocupaciones y situaciones particulares (personal en cursos, personal en el extranjero, internados en el HMC, personal cambiado con menos de seis meses en el puesto, entre otras)

INTENTOS DE CAMBIO

Preliminares esfuerzos para estandarizar las calificaciones y evitar la sobrevaloración se efectuaron en el año 2000, por medio de la formulación del RE 623-100” INFORME DE EVALUACION PARA OFICIALES” que retomaba la antigua calificación por atributos y que en la última fase (en el COPERE, hoy DIGEPERE) se traducían a la escala de 100. Dicho intento fracasó, porque los evaluadores mantuvieron la tendencia señalada en el párrafo anterior (efectuando inclusive cálculos previos para asignar calificaciones sobresalientes), lo que obligó a retornar al formato con asignaciones numéricas.

Para evitar esta situación en 2007, el Comando del Ejército instauró la calificación trimestral, manteniendo el método de valoración numérica, bajo el supuesto que la nota que obtendría el calificado al final del periodo anual, sería el promedio de estas evaluaciones. Con este procedimiento (el de calificaciones trimestrales) se buscaba que la evaluación sea más objetiva, pues se entendía que de esta manera, también se evitaría que la nota a colocarse sea el reflejo de los últimos periodos del año. Lamentablemente, esto no se produjo, por las siguientes razones:

- No se formuló una Directiva que regule la aplicación de esta modalidad, ni que norme las responsabilidades de los componentes del Sistema de Personal
- En 2007, los Informes parciales se concentraron en Lima y no se contaron con la participación efectiva de todos los niveles del sistema de evaluación.
- La gran mayoría de los evaluadores mantuvieron el estilo de sobrevalorar a sus subordinados (esta vez en forma trimestral).
- Se conservó el formato tradicional empleado para el Informe anual.
- No se pudo hacer coincidir el promedio obtenido en los informes parciales (que disponían fracciones en milésimos) con el procedimiento para del informe anual (que emplea números enteros en los factores de evaluación), lo cual al final del año obligó a soslayar los informes periódicos efectuados, aplicándose en algunos casos la evaluación inversa y en otros a simplemente formularse el procedimiento tradicional. Esta situación, igualmente afectó el procedimiento en 2008.

De lo anteriormente expuesto, podemos inferir que pese a las directivas y disposiciones emitidas para lograr una evaluación más cercana a la realidad y evitar la sobrevaloración en la calificación de los Oficiales, esta tendencia no se ha podido evitar, persistiendo el riesgo de incrementarse, afectando a los Oficiales que sí son evaluados apropiadamente y que por esta razón pueden sentirse “castigados” al recibir notas fuera de este estándar, situación que distorsiona la apreciación general, lo cual se refleja principalmente en los Procesos de Ascenso y que finalmente podría generar la formación de falsos paradigmas.

DETERMINACIÓN DE LOS FACTORES DE DISTORSIÓN Y ALTERNATIVAS DE SOLUCIÓN

¿Desde cuándo se inició esta distorsión? Las notas sobresalientes, empezaron a incrementarse porcentualmente desde la intervención de las FFAA en la lucha contra Sendero Luminoso y el MRTA, a principio de la década de los 80. La participación en enfrentamientos en las zonas de emergencia, empezaron a diferenciar a los Oficiales que fueron destinados a Unidades Contrasubversivas de los que se encontraban sin participar en operaciones. Conforme se ampliaba tareas para el restablecimiento del orden interno nacional, las evaluaciones fueron movilizándose, sobrepasando comúnmente los 95 puntos, lo cual de alguna forma “afectaba” a los Oficiales que no se encontraban en dichas Unidades, iniciándose - poco a poco - la tendencia de igualarse con ellos, elevándose el promedio de notas a fin de no entrar en “desventaja” con los “favorecidos” de las unidades contrasubversivas, la mayoría del arma de Infantería.

El estudio de múltiples evaluaciones y naturalmente la experiencia que nos ha brindado la carrera militar, ha permitido detectar algunos factores que se considera afectan la calificación, los cuales están relacionados directamente a:

- Falta de uso de la Libreta de Apreciación y registro inadecuado de evaluación periódica.
- Temor de perjudicar a los evaluados con notas que en el consenso son apreciadas como malas.
- Calificación basada en los últimos meses o semanas previos a la calificación
- Asignación de notas basada en vínculos de amistad formados durante el año o previamente.
- Oficiales proclives a la adulación activa o pasiva
- Apreciación de personal bajo influencia de intereses particulares
- Premio o castigo a “lealtades” mal entendidas
- Pereza del calificador para no realizar una apreciación detallada del calificado
- Lentitud en el trámite de los Informes de Evaluación

Con la finalidad de asegurar que los principales cargos del Ejército recaigan sobre los Oficiales más calificados, resulta imprescindible modificar el procedimiento de evaluación, de manera tal que los vicios señalados en el párrafo anterior, sean superados con una nueva forma de evaluación, que permita que ésta sea lo más objetiva posible, basada en la apreciación integral del Oficial, el desempeño real del calificado, la observación constante y la apreciación profesional del calificador y facilitando los procesos de verificación a cargo del Sistema de Inspectoría. Para tal fin se plantea las siguientes alternativas de solución al problema:




CONSIDERACIONES FINALES
Para que el Ejército del Perú continúe unido a la historia, mucho importa que se realice una óptima, reflexiva y progresiva promoción de Oficiales, con el perfil adecuado para mantener en alto la imagen de nuestra Institución y capaces de conducirla profesionalmente - en sus diferentes niveles - a fin de cumplir nuestra misión constitucional. Con tal propósito, se requiere hacer una profunda transformación en los procesos de evaluación, de manera que sus mejores cuadros puedan vislumbrarse fácilmente y con el menor sesgo subjetivo, particularmente en los Procesos de Ascensos. No debemos persistir en la distorsión evitando sincerar las evaluaciones de nuestro personal, pues con ello el único resultado que obtendremos será que se confunda al Oficial que labora eficientemente con aquel cuyo rendimiento no sea efectivamente el mejor, o peor aún mezclar a “tirios y troyanos” incluyendo a los “pobrecitos” y los que por medio del arribismo o la explotación de la amistad – mal entendida – con el superior, obtenga calificaciones inapropiadas.

Es necesario que el procedimiento de evaluación para los Oficiales del Ejército se realice de manera periódica, integral y objetiva evitando la sobrevaloración, para lo cual se requiere el empleo de un formato de Informe de Evaluación que sea acorde con la función general que desarrolla el Oficial como por ejemplo: Comando de tropa, Oficial de Estados Mayor, Participante en Cursos, Empleos ajenos al Ejército, entre otras.

Si deseamos que la evaluación sea objetiva - conocidos los vicios que la distorsionan – necesitamos recurrir al empleo de un sistema que permita que su registro, visualización y revisión se efectúe en tiempo real, con el empleo de adecuadas medidas de seguridad para el acceso por el Oficial Calificador, el Oficial de Personal y los elementos de control, naturalmente contemplando las atribuciones que sean pertinentes. En este esfuerzo y con la experiencia de los intentos preliminares, que lamentablemente no dieron resultados positivos, se debe aplicar un procedimiento mediante el que se evite la recurrencia de los vicios que han generado la distorsión actual.[1]

El papel del Oficial Calificador seguirá cumpliendo un rol fundamental. Mientras que no exista voluntad de cambio, no podremos aspirar a una real transformación, por ello se debe ser profesionalmente responsable al evaluar al personal diferenciando las cualidades personales, las cualidades de liderazgo, el rendimiento en el cargo y real valor potencial del calificado.

El empleo de una Libreta de Calificación que contenga listas de verificación que permitan el control de los evaluadores en base a las funciones que desarrolla el Oficial y que sean concordantes con el Formato de Informe de Evaluación, facilitará un mejor resultado en la apreciación.


En este anhelo de transformación, no se puede dejar de mencionar la necesidad de impulsar los diversos recursos de control con la participación todos de los elementos del sistema de evaluación, incluyendo al propio evaluado, empleando un programa que permita la actualización y visualización de los resultados de evaluación en tiempo real y con el empleo de contraseñas, teniendo como norte que mientras exista más claridad, más trasparencia y se realice una adecuada explotación de las facilidades tecnológicas existentes, mucho más rápido lograremos perfeccionar nuestros procedimientos de evaluación.

En el proceso de cambio, debemos considerar que las alternativas de solución que puedan presentarse, sean a título personal – como lo expresado en estas líneas ­ – o como parte de un equipo de trabajo, sean analizadas y expuestas a la mayor parte de la Oficialidad, para obtener nuevos aportes en favor del mejoramiento de nuestra administración. La experiencia nos enseña persistentemente que - por muy buena intención que puedan tener los Oficiales que trabajen aspectos tan trascendentales, como por ejemplo el asunto tratado- nadie puede arrogarse la propiedad de la verdad. En consecuencia, si logramos que la participación se incremente y se observe una transparencia más tangible en la optimización y cumplimiento de nuestras normas, mucho mejor serán los resultados que se obtengan en provecho de nuestra institucionalidad.
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[1] El autor del presente artículo presentó, en marzo de 2009, dos Hojas de Recomendación para la modificación de los procedimientos de evaluación y para la renovación del Informe de Evaluación - cuyos principales conceptos se exponen aquí - en la que se combinan factores y coeficientes, buscando engarzar el mismo con la Libreta de Calificación, y en la que el Calificador se limite a responder a una lista de verificación, evitándose la antelación de los resultados, toda vez que éstos se prevén sean obtenidos a través de fórmulas que deben ser registrados en tiempo real.