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miércoles, 24 de diciembre de 2014

LA CORRUPCIÓN: PROBLEMA QUE AFECTA LA SEGURIDAD NACIONAL

DE VERDAD,...... ¿ SE LA QUIERE COMBATIR?

La corrupción es percibida como uno de los principales problemas de nuestra sociedad, y lamentablemente la llevamos sobre los hombros desde los orígenes de nuestra República. Las encuestas nacionales sobre percepciones de la corrupción en el Perú, corroboran la gravedad del problema.

Recordemos que la VIII Encuesta Nacional sobre “Percepciones de la corrupción en el Perú 2013” revela que los peruanos consideramos que los tres problemas fundamentales del país - fuente de preocupación e inseguridad - son la delincuencia, la corrupción y el consumo de drogas.

Aunque la corrupción alcanza a todas las instituciones públicas, el Poder Judicial, la Policía y el Congreso aparecen como las más vulnerables a ésta y, a su vez, como las menos confiables para combatirla. Sin embargo para Alfonso Quiroz, fallecido historiador que estudió a fondo este problema expuesto en su libro “Historia de la Corrupción en el Perú”,  la corrupción ha circundado los grupos de poder, particularmente  gobernantes, políticos y militares.

No cabe duda que este fenómeno tiene implicancia en la Seguridad Nacional, pues se encuentra vinculada  con el tráfico ilícito de drogas, al lavado de activos, afecta al sistema judicial y penitenciario, y en ella se encuentra involucrados funcionarios, y servidores del sector público y privado. Es así que la Conferencia Anual de Ejecutivos CADE 2014, consideró a la corrupción como un problema  social que requiere ser combatido por el sector público y privado,  la academia, la sociedad civil y la población en su conjunto.

Actualmente existen avances facilitados por las normas jurídicas y acciones ejecutivas, como por ejemplo:

-       El fortalecimiento de la Procuraduría Pública Anticorrupción a través del incremento de su presupuesto.
-       Creación de CONABI encargada de ordenar procesos de incautación y administración de bienes nacionales.
-       Apertura  del registro de sancionados y destituidos de SERVIR.
-       Creación de INFOBRAS, registro de obras para monitoreo del avance y cumplimiento de obras.
-       Incorporación del Perú a la Sociedad de Gobierno Abierto.
-       Creación de la campaña “Yo denuncio la corrupción”
-       Creación del Centro de orientación al denunciante y en la elaboración de un Manual del Denunciante.

 Sin embargo, la población sigue sin percibir efectividad en la lucha contra la corrupción e incluso lo está incorporando como  algo normal en nuestra sociedad; así por ejemplo tenemos frases como: “No importa que robe, pero que haga obra”, lo cual es una señal de deterioro que debe llamar la atención, si es que queremos hacer del Perú, un país del primer mundo.

Nuestro día a día nos revela que ni las leyes ni el Plan Nacional de Lucha contra la Corrupción han tenido resultados efectivos para disminuir la corrupción en el país, principalmente aquella ligada al tráfico ilícito de drogas y a la corrupción de funcionarios, lo cual deslegitima a las autoridades que no muestran voluntad en la vía de los hechos, quedándose solo en la fase del discurso.

Lo que el Perú necesita para superar este flagelo nacional, es voluntad política efectiva y participación popular. En ese sentido urge  una  óptima   difusión del Manual del Denunciante, la implementación del Centro de Orientación al Denunciante entre la ciudadanía, particularmente en colegios y municipalidades, y el compromiso de la sociedad civil para abrir  mayores canales de denuncia de actos de corrupción que finalmente se plasmen en la condena judicial  de los malos ciudadanos que corrompen a nuestra sociedad; y también desarrollar acciones para que  la ciudadanía supere el  fatalismo expresado en esta interrogante: ¿para qué denunciar y exponerme a represalias si los corruptos no irán a la cárcel o no recibirán una pena justa?

Por eso es fundamental  que la voluntad política  se  haga realidad con la sanción efectiva de los infractores, para lo cual  es necesario que  - cuanto antes  - la lucha contra la corrupción se vea materializada en la implementación de un Plan Piloto mediante el cual – públicamente  - una institución representativa del Estado sea examinada detalladamente para sancionar los actos de corrupción que pudieran haber sido cometidos por sus funcionarios y servidores públicos,  enfocándose en aquellos revelados a través de los signos exteriores de riqueza. 

lunes, 17 de noviembre de 2014

LOS RETOS DE CADE 2014 Y LA SEGURIDAD NACIONAL


LA PARTICIPACIÓN NACIONAL Y LA NECESIDAD DE ARTICULAR, PRESUPUESTAR E IMPLEMENTAR EL DISCURSO


Para hacer del Perú un país del primer mundo, como reza el eslogan de la exitosa Conferencia Anual de Ejecutivos - CADE 2014, y trazar un derrotero hacia el desarrollo; para hacer del Perú el país libre, próspero y democrático que deseamos, es necesario que todos los peruanos tomemos consciencia de la importancia de involucrarse para sobreponernos a los desafíos y condiciones adversas que obstaculizan nuestro camino hacia el futuro ansiado.

La propuesta ambiciosa de CADE 2014 de impulsar nuestra economía y hacerla más dinámica y competitiva, levantada con el esfuerzo emprendedor de sus ciudadanos, con una institucionalidad sólida y eficaz, es indudablemente motivadora, pues solo así – con el concurso de la sociedad en su conjunto – el Perú será capaz de superar la pobreza y generar prosperidad.



Para llegar al primer mundo, será necesario que cumplamos con los parámetros establecidos por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), una meta trazada en el “Plan Bicentenario: el Perú hacia el 2021”. En ese esfuerzo, debemos resolver nuestras principales debilidades que se encuentran en los campos de la educación, innovación, infraestructura, seguridad ciudadana, funcionamiento básico de un Estado descentralizado, y con un sistema de administración de justicia que haga honor a su denominación.

Cecilia Blondet, Directora Ejecutiva de PROÉTICA, nos hizo recordar que la VIII Encuesta Nacional sobre “Percepciones de la corrupción en el Perú 2013” revela que los peruanos consideramos que los tres problemas fundamentales del país - fuente de preocupación e inseguridad - son la delincuencia, la corrupción y el consumo de drogas.

Contrastando esta información con el Índice Global de Paz elaborado por el Institute for Economics and Peace (IEP), que analiza 162 Estados, encontramos que el Perú ocupa el puesto 119 de los más conflictivos, donde el ranking latinoamericano es liderado por Colombia que ocupa el puesto 150, seguido de México (138), Venezuela (129), y que coloca en mejor posición a Brasil (91) y Chile (30).

Recientemente, Francisco Miró Quesada C., Director General de EL COMERCIO, señaló que “de acuerdo con cifras del PNUD (Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo), el Perú ha logrado un crecimiento económico sostenido que lo ha convertido en uno de los países de América Latina que más avanzó hacia el logro de los objetivos de desarrollo del milenio. Sin embargo, destacó que, a pesar de esos avances, es un país que mantiene una alta desigualdad económica, factor que influye en el aumento de la violencia y la delincuencia”.

En este contexto, es necesario entender que un indicador clave para medir la mejora de la lucha contra la inseguridad, es la confianza que la ciudadanía tenga en sus instituciones públicas, particularmente aquellas responsables de conducir el país y naturalmente en sus fuerzas de seguridad. Por eso el presidente de CADE 2014, Pablo de la Flor, apuntó claramente que “no es posible convertirnos en un país del primer mundo con instituciones del tercer mundo”.

Un país como el nuestro diagnosticado en exceso, lamentablemente ha fallado en llevar a la práctica importantes soluciones en beneficio de sus integrantes, principalmente por falta de coordinación y articulación en los esfuerzos, incluso no llegando a presupuestar y tampoco a implementar, olvidándose que en nuestro escenario nacional – como en cualquier parte del mundo - las políticas sin presupuesto, son un simple “saludo a la bandera ajena”, y aquellas que logran implementarse sin lograr tener efecto, son nada más que un “engaña muchachos” que afecta a todos los peruanos.

La corrupción, el crimen organizado y seguridad ciudadana, la frustrada descentralización, las trabas para plasmar la diversificación productiva, las limitaciones en la educación, los obstáculos para la inversiones, el aceleramiento de mejoras en la infraestructura, y el mejoramiento del sistema de administración de justicia, fueron los ocho temas priorizados de la agenda del CADE 2014, que nos expresan la preocupación del empresariado peruano en mejorar las condiciones para impulsar el crecimiento de sus propias empresas que a su vez, favorecen el crecimiento económico nacional.

Mientras que los peruanos no superemos los desafíos planteados, no se logrará irradiar confianza en los inversionistas privados, nacionales o extranjeros. Y la confianza, solamente se alcanzará en un clima de seguridad, pues ningún inversionista arriesgará su capital en un ambiente que no le asegure condiciones estables que favorezcan su rentabilidad. He allí donde surge la importancia del Sistema de Seguridad Nacional (legalmente Sistema de Defensa Nacional), conformado por diversos actores que han venido trabajando, cada cual por su lado, sin coordinar y muchas veces duplicando esfuerzos, y peor, otras tantas veces sin lograr plasmar resultados efectivos.

Los esfuerzos dispersos en beneficio de la Seguridad Nacional, hoy en día deben ser articulados y gestionados por la reactivada Secretaría de Seguridad y Defensa Nacional, un organismo público ejecutor, adscrito a la Presidencia del Consejo de Ministros, responsable de la gestión del Sistema de Defensa Nacional y con competencia en todo el territorio nacional.


Esta entidad, creada en diciembre de 2012, en el proceso de su organización también ha pasado por los avatares de la “tramitología”, sin embargo en el año que ha ejecutado su programa presupuestal, viene realizando diversas acciones de coordinación y articulación para formular una nueva Política de Seguridad y Defensa Nacional, justamente para que los esfuerzos converjan en provecho de lograr el clima de tranquilidad que se requiere para mejorar la confianza , y así facilitar el impulso de la inversión que finalmente logrará mejorar nuestro avance hacia el primer mundo; siempre y cuando todos nos incluyamos en este esfuerzo nacional: un deber ineludible para beneficio de cada uno de nosotros, los peruanos del siglo XXI.